Nuestros artesanos

Un artesano es una persona que realiza labores de artesanía. Contrariamente a los comerciantes, no se dedica a la reventa de artículos sino que los hace él mismo o les agrega algún valor, en nuestro pueblo los hay " y buenos", este es su espacio donde nos podrán mostrar sus obras con la ilusión de que alguno de nosotros podamos continuar en tan bello arte.

María del Pilar Martín Aparicio (Maruja de la tía Juliana)

publicado a la‎(s)‎ 15 abr. 2012 9:59 por Juan Pedro   [ actualizado el 17 abr. 2012 8:09 por MIGUEL ANGEL GARCIA ALFARO ]

Anastasia Romero González S.L. (sus labores)

publicado a la‎(s)‎ 22 feb. 2012 12:24 por Juan Pedro   [ actualizado el 28 feb. 2012 10:00 ]

Pablo Pelayo Palomares

publicado a la‎(s)‎ 22 feb. 2012 12:23 por Juan Pedro   [ actualizado el 26 feb. 2012 12:57 por MIGUEL ANGEL GARCIA ALFARO ]

Agustín Villa Moreno

publicado a la‎(s)‎ 22 feb. 2012 12:22 por Juan Pedro   [ actualizado el 13 mar. 2012 13:39 por MIGUEL ANGEL GARCIA ALFARO ]





BIOGRAFÍA AGUSTÍN VILLA MORENO

BIOGRAFÍA
 
Vió la luz en una casa oscura, como eran las de entonces, en el mes de Agosto de 1927, día de San Agustín, en Navarredonda.
 

  Hijo de Eladio ( Hombre de orden y acendrados principios; conversador sin tasa y sin prisa; guitarrero de jotas y de rondas; catador de todos los oficios; algo albañil, un poco carpintero, aprendiz de peluquero y de barbero, vocacional de juez y un tanto maestro).
  Y de Matea ( Enérgica mujer, rectilínea, de firme carácter; nacida en Villavieja y cogida del árbol en aquellas noches de rondas y jotas; dueña de unos ojos azules y de una blancura que desmentían su condición de campesina pobre y le otorgaban un engañoso porte de dama ociosa; sanadora de cuerpos por instinto; matrona de partos fáciles o difíciles, recolocadora de huesos rotos o fuera de su sitio, curadora de heridas.)
 
 
 Primer hijo varón de nueve hermanos. Si a esto añadimos la pobreza, no hace falta decir cual iba a ser su sino. Estaba claro.
 
 Ya de niño, en la Guerra le fueron dadas a conocer cuatro circunstancias de la vida que hasta entonces desconocía:
 
      - La primera fue el dolor y la perplejidad que supuso ser objeto de la maldad por la maldad ( Fue cuando los soldados les mataron a tiros a la yunta uncida al arado, por pura diversión)
      -La segunda, el odio sin matices, que nunca volvió a sentir por nadie. (Fue hacia la persona que, acabada la Guerra, vino desde Lozoya para apropiarse de la vaca y el ternero que los milicianos les habían dado para paliar en parte el drama de quedarse sin yunta).
     -La tercera, que por vez primera se asomó a otros parajes que no fueran su pueblo. ( Fue cuando los evacuaron a Colmenar Viejo).
     -Y la cuarta cosa que conoció fue la vida regalada, la vida en la más feliz de las holganzas, instalados como estaban en una inmensa casa de veraneo de los ricos de entonces.
 
 A los nueve años se inició en el oficio de carbonero, junto con su hermana mayor y con su padre. En la cabaña, a veces, supo lo que era el miedo.
 
 A los once segaba hierba con una guadaña que su padre le hizo a la medida.
 
 A arar no sabe cuándo aprendió, como uno no sabe cuándo aprende a hablar o a caminar.
 
 De zagal fue cabrero solo por la comida que le daban ( Que, por cierto, muchos días terminaba en el estómago apenas el hatajo había salido de las calles del pueblo. Pues se guiaba por el refrán que dice: "Pan acabao quita cuidao").
 
 A la escuela asistió solo cuando el trabajo no lo reclamaba. Como es vanidoso, siempre ha dicho que, aún así, casi siempre estaba el primero de la fila que la maestra hacía para examinar los conocimientos de sus alumnos. ¡Incluso en Catecismo!, blasfemo, tronante y descreído como ya era y ha seguido siendo. De aquel tiempo todavía se le descuelga de los labios alguna de las fábulas de Esopo de la Enciclopedia, como si no hubiera pasado el tiempo.
 
 No sabe si hizo la Primera Comunión, aunque si recuerda haber besado el anillo de un obispo cuando era joven.
 
 Conoció la ciudad el día que se incorporó a filas para hacer la mili ( Hay que decir que ni en la mili se libró del trabajo, pues sirvió en el cuerpo de Zapadores Ferroviarios. Y ya imaginamos en qué consistían las maniobras.
 
 En su juventud aprendió de oído a tocar un poco la bandurria y la guitarra, para acompañar los sones de la jota. Y desde entonces las coplas se le metieron en el cuerpo en una simbiosis natural e intuitiva. De tal forma fue así que durante el resto de su vida, cuando la ocasión era propicia, le brotaban del cuerpo las coplas como les brotan las hojas a los árboles, que todas se parecen pero ninguna es igual. Con la prodigiosa naturalidad del que no parece haber hecho otra cosa en su vida.
 
 De natural alegre, siempre dispuesto a la desmesura y con un sentimeinto agónico de la vida, aún recuerda con cierta rabia un juvenil suceso: aquella fiesta del pueblo que pasó durmiendo, debido -claro está- a los desmedidos excesos de la noche de vísperas. Nadie lo despertó.
 
 Casó con Marcelina, su primera y única novia. Y tuvo suerte. Enviudó a los 76 años. Y dejó de tener suerte.
 
 Durante los inviernos, en los días de las grandes nevadas, en la universidad de los pajares aprendió a hacer utensilios de madera: desde un rodillero al timón del arado; desde un  rastro a un horcón. Sus herramientas: el podón, la zuela, la barrena y la escofina. Nunca aprendió a hacer cestas. Lejos estaba entonces de pensar que en la vejez volvería a hacer las mismas cosas. Esta vez a escala reducida y sin la gran nevada de telón de fondo. Puesto que ya en su tamaño verdadero se habían hecho del todo innecesarias. Y no eran juguetes para niños, eran nostalgia.
 
 El mar lo vió por primera vez y única a los setenta años. Fermín el de Candelas fue el mentor de aquel viaje relámpago Navarredonda-Santader, ida y vuelta. No pareció quedar muy impresionado, puesto que pocas veces lo recuerda. Tal vez el mar haya que conocerlo cuando se es joven para verlo en toda su grandeza.
 
 A los ochenta y cuatro años vive -como sus herramientas- a escala reducida. Puesto que todo se ha hecho innecesario, y desde luego también sus fuerzas,
 
 Tal vez vaya a ser su presencia lo único que sea necesario.
 
 (Pablo Villa González)




 



















 
 
 
    
 
 
 

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